Hemisferio Sur [vías de acceso a la otra punta]

el calor de ese diciembre
hacía el efecto
de aguanieve sobre la camiseta sudada.

el agua de la ducha se escapaba
como en los espejos del hemisferio norte,
el desagüe era un recogedor
de cachitos aleatorios de mis años
-y alguno del futuro también se coló-

esas constelaciones del sur se convirtieron
en testigos de mi presencia infinitesimal,
aunque yo
ya las había imaginado
incluso en el cielo soleado de aquella Barcelona.

yo no llamé [vías de acceso a la otra punta]

su nombre ilumina la pantalla de mi móvil
en la oscuridad de un lavabo enorme
multisala.

aparece el nombre de Mamura,
nombre uzbeko,
origen de la gravedad.

era en la parte final de una película,
con la música de los créditos
lanzando ecos hasta el lavabo.

era en la parte final de un fin de semana
con las agujas de una brújula
rasgando la piel de mis muñecas.

aparece el nombre de Mamura
y su voz,
uzbeka,
origen de la gravedad.

me propone escapar
a Rubí,
piedra preciosa,
roja,
ahora uzbeka,

y ser absolutamente diurno

-y eso que Mamura
trabaja de noche-

tuve pereza o miedo
-casi siempre sinónimos-

quizá porque Mamura trabaja de noche,
en el espacio físico de la noche,
quizá por eso ella supo que mi fin de semana
tenía que ver con las agujas de una brújula
-direcciones imantadas de un espacio físico-
supo que tenía que ver con mis muñecas rasgadas de brújula,
desnudas
desatadas

en el destiempo.

solo ella sabe si aquello significará algo.
y casi que no quiero saberlo.

no quiero saberlo porque Mamura
trabaja de noche
(creo que dijo ser vidente).

un saco de agua [vías de acceso a la otra punta]

generalmente
puedo despertarme por impacto
impacto de ruptura
ruptura de la inercia de dormir.
la inercia de dormir
se disuelve por impacto
como lluvia de brujas.

pero hoy me he despertado
sin la ruptura, con la inercia.
el sonido del despertador
ha cargado mis ojos
con la penumbra matinal de la habitación.

mis actos reflejos están bloqueados

así que para empezar el día
me tiro hacia un lado de la cama
y caigo como un saco de agua.

mis ojos consiguen volcar mi basura soñolienta
como dos contenedores de vidrio.

ahora, si oyera un ruido extraño en el vecindario
giraría rápidamente la cabeza.

la definición de eclipse [vías de acceso a la otra punta]

Yo diría que el eclipse es el estado eterno del planeta

y el resto del tiempo iluminado, un estado temporal
de días mortales y noches mortales.

el eclipse se define como ese momento alucinógeno
en que el sol abrasa verticalmente
el lado oculto de la luna.

el eclipse resulta ser
un círculo de rayos uva que nunca
llega a rodear totalmente la pupila negra.

-digo pupila
porque tu pupila también podría ocultar, detrás, un sol o algo así.

Yo diría que el eclipse es el estado eterno de una mirada

a no ser que ocurra algo
por ejemplo, un peine
o cualquier otro acontecimiento.

entonces, la definición de eclipse
ya no es un cuento.

el sonido del grillo [vías de acceso a la otra punta]

sentado sobre estas rocas saladas
con millones de cosas alrededor,
millones,
salta el sonido de un grillo.

podría empezar a olvidarte,
para ser millones de cosas distintas

pero voy a sumarte al resto de mis días.

hay algo que no es un deseo,
es algo bello, adictivo y terrible
que me guía
por debajo del sonido de un grillo

hasta escuchar una vez más
cómo viviste solo, viejo hombre,
cómo tuviste sed, viejo hombre,
cómo agarraste mi abrazo, mi carne, mi tristeza
...y me dejaste en la vida...

esto es lo que ahora puedo llevarme
al erguirme sobre estas rocas saladas:

el viejo sonido del grillo.

en un nacer y morir [vías de acceso a la otra punta]

en un abrir y cerrar de ojos
en un nacer y morir,

mi esternón agarrotado
inspiró el viento desde sus poros.

y los árboles emergieron de mi pecho
como dedos verdes en la rendija de una puerta.

los árboles rozaron sus cortezas salientes
sin miedo a mostrarse tal cual son
y de la caricia se prendió el incendio solar.

amaneciente, el incendio incineró
mis errores biodegradables.

pánico y granizo caían congelados
y mi nuevo sol ultravioleta licuó granizo y pánico
en cosquillas de lluvia
crepitando en eructos de un recién nacido.

llamas de 43 grados acabaron por derretir mi esternón agarrotado
en ríos de miel y sangre,
en músculos sueltos y volátiles
volando entre el magma,
músculos volando como delfines rojos y brillantes
expirando un solo suspiro
prolongadamente quebrado.

todos los ríos de mi esternón
formaron un mar de sal y miel,
yodo y sangre,
dilatándose en oleaje a lo largo y ancho de mi rumbo indetectable.

y este mar de vida se alza más alto que el cielo,
más alto que la estrella más lejana que exista
más que cualquier mal,
y este mar de vida se abalanza sobre mí
como un deseo indefinido sobre un cuerpo deseante.

más oscuro que el sol [vías de acceso a la otra punta]

él volvió un día en que el satélie meteosat se rompió.
sin el tiempo.
volvió con una sonrisa triste, tristeza originada por mí.
pero vivió conmigo varios años... haciendo su vida y yo la mía.
y en esa vida
él era aquel hombre estupendo que se había convertido en un buen compañero de piso.

su ausencia:
él había estado en viajes secretos, siendo él por primera vez.
su ausencia:
él había volado por el hierro y el níquel de la Tierra
hasta los lugares
dónde no hace falta volver y contar, dónde no hace falta arrepentirse,
lugares más brillantes que el sol.

y yo
estaba una tarde sentado en mi butaca blanda, releyendo.
sin el tiempo.
cuando él volvió,
yo estaba una tarde sentado en un lugar
que no se repetirá en ningún círculo,
en ninguna espiral
en ningún rombo o forma geométrica que permita volver.
yo estaba una tarde sentado en un lugar interminable,
un lugar

más oscuro que el sol.

él volvió para no estar, o acaso para estar solo en un sueño mío.
él no debe volver jamás
ahora que el tiempo sigue.

porque solo en ese lugar,
recuerdo haber odiado con todos los tejidos de mi corazón
empezando por todo, terminando por mí.

Mi nombre [infiltración en mi espacio aéreo]

Son apenas las diez de la noche, verano.
Y se supone que estoy en mi habitación.
He decidido aprovechar una ansiedad sin sentido
y despedirme temporalmente de mi nombre,
de mi cara, de mi patetismo.

Lo que me gustaría es saludar tu cuerpo,
estropearme alguna que otra sonrisa que ya suela estar estropeada,
estropear mis motores defectuosos que chirrían sobre el silencio,
dañar
mis almas inservibles que he almacenado demasiado tiempo,

igual que el bochorno
almacenándose demasiado tiempo en esta habitación,
ahora que he cerrado mi puerta en esta noche fría de invierno.

Tenía frío.

Círculo Enso I [infiltración en mi espacio aéreo]

He tardado treinta minutos en escribir algo.
Solo tenía en la cabeza un globo medio desinflado.
Puse mi grabadora en marcha. Y mi cuenta atrás.
Hasta el minuto diez
no sabía nada. Solo silencios entrecortados.
Entonces, empecé a imaginar algo amargado y pesimista.
Comprimí las imágenes con mi voz.
Mi voz fría era una morgue congeladora para setenta palabras.
Las ahogaba, las mataba, las guardaba. Sin autopsia.

Al minuto veinte el resto empezó a salir.
Otras palabras. Otra historia.

Y después no he dejado de pensar
en todas las palabras que maté.
Yo, inmutable, frío y distante.

Al dormir, entre mis ojos cerrados y mis ojos abiertos,
volvió a mí la mejor parte de la grabación:
hasta el minuto diez. silencios entrecortados.
todo por hacer.

El globo [infiltración en mi espacio aéreo]

mi aire se había quedado con cierto aroma a plástico desgastado,
aroma de algún tipo de fábrica de globos.

pasó un globo medio desinflado.

su aroma
era sin duda de plástico desgastado,
así que solo podía pensar que aquella fábrica de globos
había quedado abandonada bajo mi pecho, mi respirar.

dos días de vejez había sido todo mi tiempo,
igual que ese globo medio desinflado.

Esas tapas metálicas en la acera [infiltración en mi espacio aéreo]

El sol descendía y apretaba,
su mano descendía y apretaba mi nuca
y con sus dedos dirigía mi mirada hacia esas tapas metálicas en la acera.

El gas, el agua, la electricidad.
El teléfono.

Se me ocurrió que podría ser un buen regalo
un agujero en la acera,
con la tapa metálica como envoltorio
y debajo, una sorpresa.

Felicidades,
te doy algo que antes fue mío.

Felicidades,
te doy un espacio vacío y oscuro
para que lo des a luz
o lo anochezcas.

Lo mismo podemos regalar una caja fuerte,
sin combinación,
una caja que esté siempre cerrada,
abierta a suponer e indagar.

Ahora mismo me decanto más por tener un espacio vacío y oscuro
bajo la acera, para introducirme como un riachuelo de lluvia sucia.
Ahora mismo necesito anochecer.

Infiltración en mi espacio aéreo [infiltración en mi espacio aéreo]

un desconocido se puso caminando delante de mí
y era él el que seguía mis pasos.

un desconocido en dirección contraria
titubeó a derecha e izquierda
y yo igual
hasta que en cinco segundos
conseguimos seguir nuestro camino.

un desconocido se sentó a mi lado
cuando el banco del andén debía medir unos veinte metros.

un desconocido estuvo ojeando
el mismo libro que había ojeado yo.

un desconocido besó a una mujer
en el preciso instante en el que yo quise besar a otra.

un desconocido compartió conmigo una mirada que no me apetecía
y, sin embargo, recordé.

ahora me toca a mí hacer de desconocido,
el infiltrado.

invernadero [una mezcla en mi cuerpo]

las líneas del invernadero
definen
el espacio de luz
el espacio de humedad
de las plantas, los arbustos y los árboles.

Nacieron por casualidad,
por mucho que los plantaran
sigue siendo una casualidad.

Y juntos se nombraron nombres distantes
de orígenes dispares
y compartiendo el mismo suelo en sus raíces.

Y juntos dan sentido a la penumbra,
al teatro, a la luz y al mundo creado.

tú, yo y él
diseñamos este invernadero de penumbra y muerte lenta,
muy lenta, muy lenta,
imperceptible.

aloe vera [una mezcla en mi cuerpo]

eres tan, tan igual
al champú de aloe vera:
me limpias los poros
y me impregnas de ese olor.

yo te lo agradezco
pero sabes que tengo que ignorar
tu esencia de aloe,
una incapacitada
para desinfectarme y hacerme inmune
a la suciedad y la peste.

y si, tal como dices,
mi vida
corre peligro
será mejor que me lances
por cualquier acantilado, al mar,
como una piedra irregular, cortante y cálida.

mejor eso que nada [una mezcla en mi cuerpo]

en el metro

ejecuté un movimiento corporal
con las piernas
ese movimiento que repercute
en la columna vertebral.

me removí, vamos,
y no me gustó removerme.

así que mis pulmones
se quejaron con un
resoplido.

en ese punto de la compresión
mi cara se contrajo
en una mueca de desagrado,
de rechazo.

se dio la circunstancia
de que en ese instante de la mueca,
mis ojos se cruzaron con su mirada.

era la mirada que nace
de una frustración? de aburrimiento?

él ya había llegado a la conclusión
de que mi mueca de rechazo
era hacia la forma de su cara
o de su boca torcida.

tuve que deshacer mi mueca
hacia una cara neutra
parecida a la de un médico profesional.

desvié la mirada para buscar puntos, cosas.
fracasé.

y ahí fui algo irresponsable:
volver a mirarle!
pero es que me moría de curiosidad!

y él seguía con su mirada clavada en mí,
como una barca que hubiera clavado
setenta anclas en el fondo del mar,
por si acaso, nunca se sabe.

él ahora sin mí
ya no podía navegar.
yo no le dejaba navegar.

en un despiste mío creí que me había soltado.

y me lo encuentro a mi espalda,
como a 35º a estribor.

recordé que cuando se te escapa la risa ante un frustrado,
suele conllevar uno o dos puñetazos.

me contuve, casi.
bajé lo más rápido que pude y reí a gusto.

en lugar de un puñetazo
solo recibí miradas desconocidas
de reprobación, extrañeza o indiferencia.

mejor eso que un puñetazo.
mejor eso que nada.

en la tierra dónde él estuvo [una mezcla en mi cuerpo]

en la tierra dónde él estuvo

espacios, huecos, agujeros y rincones
se cubrían de ventanas grandes.

si vives inmerso en una tierra nublada
es mejor plantar ventanas grandes para la luz -decía.
aunque la luz entre llena de nubes.

pero también en la tierra dónde él estuvo
los árboles nacían

y salpicaban la tierra de sal,
de puntos de luz a las doce del mediodía.

efectivamente, sus ventanas pequeñas
-tal como explicaba-
solo daban penumbra.

él estuvo en esa tierra de poca luz
construyendo edificios para dar vida al día

y sin saberlo, para dar vida a la noche
cuando no queda nadie en los lugares públicos y cerrados
cuando la noche puede modularse en ondas de oscuridad.

lo que no sé es si con tanta ventanta grande
la noche no se estará liberando
para dar un golpe de estado a las doce del mediodía.

Tanka del Senegal [una mezcla en mi cuerpo]

bolsa de plástico
colgada en el árbol
a la espera
del peso de la lluvia
hasta su agujero.

si hoy me despierto de madrugada [una mezcla en mi cuerpo]

me crucé
con dos labios
agarrando la curvatura de cristal.

me crucé
con dos manos
chapoteando en el charco sobre la hierba.

me crucé
con dos ojos
siguiendo las gotas de una cascada.

supongo que es por eso
que al llegar a casa
quise recuperar
tu fotografía.

pero si hoy me despierto de madrugada
no va a ser para recordarte de un sueño.
solo será para beberme un vaso de agua.

tenía que ser él [una mezcla en mi cuerpo]

sobre la arenilla con sus huellas pequeñas
en un rincón
quedaban cinco o seis piedras desordenadas,
restos de una fantasía de cinco o seis años.

el niño
es posible que se inspirara en alguna constelación.

incluso es factible
que lanzara una piedra
retando el límite del espacio
como una estrella fugaz.

y la luna?
la luna tenía que ser él:
girando alrededor del mundo.

acuóreo [una mezcla en mi cuerpo]

el agua tampoco es excesivamente acuórea.
no hay lugar menos acuóreo que el mar.
acuóreo no es ni la lluvia ni las lágrimas.

el susurro de las gotas de lluvia
y el sollozo totalmente mudo
empiezan a tener algo de acuóreo.

la tierra, el fuego y el viento
podrían llegar a ser bastante acuóreos,
sobre todo
si caen de lo más alto de la atmósfera

o quizá
lo más acuóreo que exista para mí
sea algo saltimbanqui,
expulsado
desde lo más profundo de una mirada desapercibida.

como un pájaro cerca de la hélice de un avión [una mezcla en mi cuerpo ]

la vi
dónde los barcos duermen
dónde los sueños se hunden para volver otro día.

la vi caminando, bailando,
una mezcla en su cuerpo
a la orilla del muelle.

era una vela arrugada por un huracán
doblándose y desdoblándose en instinto animal.

a ratos poco me decía, la verdad
pero tenía instantes,
cuando se dejaba empujar por un viento inventado,
un pie, un brazo y parte de su cabeza
como un pájaro cerca de la hélice de un avión.

a la orilla del muelle
la vi riendo, llorando
una mezcla en su cuerpo.

una mezcla en mi cuerpo.