alcanzable [...?¿...]

no leas esto en voz alta
no lo pronuncies
no lo murmures.

imagina que no es ni papel ni pantalla
ni palabras una al lado de otra
imagina que esto es en realidad un espejo
que miras
imagina que es como la luna que se balancea de un lado
o del otro lado,
que la sombra acaricia uno y otro lado de tu cara
con los ojos de tu alma siguiendo la luz y la sombra
a modo de hipnosis
la hipnosis que te despierta
la hipnosis que anula y rompe todas las hipnosis infecciosas.

imagina por un momento
que el espejo no tuviera voz
que el espejo no tuviera corazón
ni carne ni tiempo:

sólo seguirías sintiendo que en el espejo estás tú
entre esa luz y esa sombra de una luna
yendo y viniendo y viniendo y cayendo sobre
la línea curva del péndulo hipnotizante
del paso de un lado al otro
de uno y otro lado.

imagina por un momento que no lees esto con esta voz
que no lo pronuncias
que no lo murmuras
y sin más sale esto de este espejo frente a ti
esto frente a ti,
no sería yo, ni estas palabras,
ni siquiera tus increíbles cuerdas vocales.

tampoco lo llames alma, si no quieres o si te asusta.
llámalo cosa extraña e inalcanzable, perdón,
alcanzable.

la belleza interior de las cucarachas [...?¿...]

sus patitas salieron de la alcantarilla
y luego sus ojos,
abiertos como si el horizonte fuera
más largo que nunca.

un día malo se escurría como una bomba nuclear,
núcleo de un instante de
verdades, rotas en la parte indivisible de la materia.

su fuerza descomunal,
millones de segundos flotando en el cielo
y el mar acribillado, todavía moviéndose
el mar lleno a reventar de huesos con el olor a sueño muerto,

y la marea de todo
dando pequeños empujones a la cucaracha,
agua adentro, calle arriba, rumbo a los rayos que conducen
a una sonrisa pura, silenciosa, escondida, fresca,
directa, hambrienta, despierta, despierta.

vulnerable.

invulnerable.

negra y brillante.
la sonrisa interna del que sobrevive a un mal día.

¿cómo lo vamos a llamar? [...?¿...]

nunca has tenido tanta sed como aquella noche,
noche en que saliste del quirófano de tu cama de siempre
y la sangre resbalaba por los hilos negros que mal cosieron
el boquete, fruto de tu pecho.

se escurrió del boquete
un sueño que no se pesa en una balanza
un sueño que se ha gestado más de nueve meses
siguiendo una dieta estricta de oscuridades, cuevas y hogueras.

solicitaste las deducciones fiscales para criarlo,
suerte que este mundo defiende a ultranza
que los sueños perpetúan la biología humana
y generan un producto interior bruto de valor incalculable.

recuerdo que tu sueño se colgó como un mono por tu cuello, tus oídos
los músculos del corazón
y nunca se ha sabido bien si grita o llora de hambre o de risas.
recuerdo que una vez se lo diste a alguien para que lo acunara entre sus brazos
y lo secuestró pidiendo el rescate de tu propia esencia
y se lo arrancaste de raíz como el huracán desentierra las raíces del bosque.
recuerdo que cuando tu sueño estuvo pachucho
le diste los pezones de tus palabras menos pronunciadas
y lo alimentaste de lo imposible.
recuerdo también cómo lo llevaste de viaje
o él te llevó a ti a esos lugares de poco turismo dónde el dolor
se erosiona suavemente con las caricias de otro tipo de viento
y alguna vez el dolor llegó a ser una ruina del pasado.

hoy me enseñas parte de tu sueño y me haces la eterna respuesta:
¿cómo lo vamos a llamar?

la luz de la mesita de noche [...?¿...]

quitan las vallas del concierto entre las botellas rotas y alguna entrada partida
que no quiso ser un recuerdo.
el jardinero recoge las hojas secas,
enganchadas al suelo mojado; se resisten inútilmente.
los camiones cargan los muebles rajados, sillas de una pata, ventanas
a viejos días.
están limpiando la sangre en el lugar del accidente y lo último que voy a ver
es el coche de bomberos
marchando sin la sirena porque no hay expectativa alguna
para que vuelva el fuego.
el sol se marcha como cualquier otro día
y como cualquier otra noche
apago una tras otra las luces, como el cierre de un gran teatro:
la luz de la cocina, la luz de la lectura, la luz del lavabo
y sólo me queda la luz de la mesita de noche.
cierro los ojos y me resisto. pero la bombilla se funde sola por casualidad
y me caliento con las mantas de tu oscuridad, lugar donde sigo respirando
mientras mis pulmones aguantan el resto de los soles rutinarios.
deja que me enmanille voluntariamente en la extensión de tu sombra.

conozco a un chico que quizá te interese [...?¿...]

como dijiste una vez,
quizá es quizás la única palabra que saltó del gran bang,
pero conozco a un chico que quizá te interese.
tiene dos o tres ojos, una mano y un sol cálido de cinco dedos,
sus siete cabellos guardan la floresta enredada de sus semillas bajo el cráneo,
anda unas cuantas veces al mes
en busca de nada en especial para convertirlo en todo
y deja su boca entreabierta cuando huele
determinados tipos de horizonte en los lugares menos abiertos.
aunque no digo que tenga que interesarte.
pero si te acercas al reflejo del camino del asfalto, brillante de lluvias y farolas,
podrías llegar a conocerlo un buen rato... otra sombra
cerca de tu sombra que siempre aparece cuando hablas del gran bang.

marca vial [...?¿...]

se me cayó una moneda de cinco céntimos
porque tenía mal cerrada la cremallera.
no hacía ni calor ni frío
ni humedad ni llovía ni nevaba
así que me agaché para recogerla
y vi de cerca una marca vial, una línea divisoria
entre carriles de la misma dirección.

estaba gastada de algún día que llovió
de otro día que hizo calor o que hizo frío
o frenazos y millones de pneumáticos
y me acerqué más para ver las formas irregulares
de la pintura blanca ya casi descompuesta.

cuando desaparezca del todo
también queda como una extraña línea sobre el asfalto.
no es broma. se puede ver cuando hay mucha luz.
queda como una línea oscura casi del mismo color del asfalto y sabes
que antes había una marca vial, una línea divisoria, una flecha que ya no está.

aunque creas en dios [...?¿...]

no importa, no te preocupes,
aunque creas en dios te aceptaré igual
sé que la fe es soledad y sinsentido
y que la vida parece aún más injusta cuando crees
que los caminos (antojos) de dios son inescrutables.
sé que dios te quita el poder de ver más allá
y que la libertad se queda muerta bajo una cruz.

pero no importa, no te preocupes,
los ateos tenemos la misericordia eterna
y aceptamos a los infieles en nuestra vida.

tampoco te alarmes, que yo también tengo mucho que aprender:
de ti
no de dios.

la calidad de los servicios eléctricos [...?¿...]

no sé si nuestro pecado había sido existir
pero necesitábamos correr y terminamos en una ópera dónde los cantantes
poco a poco
iban desconcentrándose del escenario porque los servicios de seguridad
nos iban acorralando.

una mujer rubia me cogió por las mejillas pero sus ojos eran de peluche
y sus labios de trapo.

cogí su cuerpo de maniquí y lo lancé contra la ventana.
efectivamente, su sangre era espuma blanda y amarillenta.

la ventana se partió en millones de latidos consumidos.
yo salté, no sé los demás, y me fui a otro edificio que había enfrente
cuyas columnas eran costillas peladas y los sofás eran hígados
y las cortinas estaban llenas de alveolos ondeando con una corriente de aire
que iba y venía,
todas las salas estaban muy pero que muy vacías.
se escuchaba una lluvia torrencial
y subí el ático. era de noche. el sonido de la lluvia era ensordecedor
pero no había lluvia. ni una sola gota de agua
y yo tenía sed.
en el ático, había un taxi con las luces apagadas y una puerta abierta.

el taxi me diluyó entre la masa y
me llevó hasta ese viejo barrio que siempre soñaba me llevó por la única entrada: un pasaje angosto llamado contra-
dicción,
lleno de esquinas y maleantes en las esquinas,
marginados gritando a los automarginados,
lisiados de sangre seca con las vendas viejas y rotas y
prostitutas con problemas de vocalización.

lo que daba miedo era la calidad de los servicios eléctricos en la oscuridad.

me bajé y fui a ese viejo restaurante que soñaba tantas veces.
ese restaurante con tres escalones en la entrada, una vieja puerta de cristal y madera
con una barra metálica en diagonal para empujarla
y cuatro mesas con manteles verdes y copas de vino encima.

me pedí una copa de vino para volver a nacer.
y aquí estoy, esperando una vida.

ferocidad y fiereza [...?¿...]

la impaciencia es la hijaputa de la ciencia.
cuando tenemos camisetas refrigeradoras,
suelas blandas de goma que hacen saltar más,
walkmans que se llaman i-pods,
microondas que reducen el tiempo como sólo podía hacer un filósofo,
jaulas que nos permiten ver animales lejanos,
bebidas energéticas que revelan la verdadera fuerza del cuerpo y la mente.

será que los avances -el uso de los avances, lo sé- nos anestesia como si nos curara
y nos saca de nuestro pequeño manicomio de libertad
para no sufrir -pensando, critica que criticarás, llorando con fuerza centrípeta-
para enroscarnos como un clavo en el consumo industrial del placer
y dejar que nos oxidemos hasta que nada pueda sacarnos de ahí
y nos convierta en un clavo más:
todos asombrosamente iguales, desaparecidos
al hacer desaparecer nuestra naturaleza imprevisible.

sólo digo que (joder, qué mal suena y aún así lo dejo)
tenemos la elección de que ya no nos guste el top 1 en ventas con el que hemos convivido
desde el feliz día de nuestro nacimiento.
y tenemos también la elección de que sí nos guste
pero eso comporta una elección larga y madurada (qué aburrido suena y aún así lo dejo)
en estado salvaje -que no vegetativo-
y comporta -me arriesgo un poco más-
un placer que siempre estará tambaleante en la cuerda floja.

por mi parte, me gustan los actos impacientes de ferocidad y fiereza.
uno de cada cien me hace sentir que aún hay esperanza. no es poco.

airea [...?¿...]

airéalo a todo.

airea los órganos que tienes bien alimentados
a base de meditación, cogido a la barra del metro
de oraciones vocalizadas entre palomitas
y deporte con el movimiento de tu cuerpo sobre el sofá.

airea las viejas ideas impuestas como el tapón en el desagüe
las ideas que aprietan el cuello de tu pequeña libertad cotidiana
porque quizá, la media hora antes de ir a dormir
es el tiempo esencial de lo que queda en el mundo
del lado de acá y
del lado de allá.

columpios [...?¿...]

todavía tienen el olor oxidado
de las cadenas del columpio,
_______________mis dedos.

aún sienten la pérdida de la gravedad
en círculos del otro lado de las cosas,
_______________mis sienes.

todavía está cálida del calor de tu fuerza
lanzándome siempre hacia arriba,
_______________mi espalda.

y yo volvía a ti para que me volvieras a hacer
_______________volar.

ahora sólo quedan columpios abandonados en el bosque de los
_______________sueños,
me subo y espero y espero a que tú o tus huellas me empujen
y me hagan
_______________volar hasta lo más alto

hasta desaparecer en
_______________la distancia de todos los ojos.
siempre he sabido que
_______________me amaste.

de lluvia y noche [...?¿...]

gotas y estrellas
de
lluvia y noche

son innumerables. se mezclan. se ven a veces.
se escuchan. nos mojan. nos iluminan. se cuelan
entre las ramas, entre los brazos fundidos como el chocolate nocturno.
y se cuentan un, dos, mil y una, y se piden cosas y causan olores y resfriados
y son el origen de todo tipo de riachuelos subterráneos y ríos como cosas.
generan charcos inmóviles en medio del camino y barro en el cielo.
el infinito existe porque existen. y cosas como el amor y
mal que pese la muerte
mal que pese que pesa cada día menos.
trozos del sueño más grande. se deslizan por los cristales
de las ventanas de prisiones de lujo y hoteles baratos
hacen cosquillas como hormigas transparentes en las manos y en los ojos
y chocan unas cuantas veces contra el alma y se desinflan como si la bomba atómica
fuera una caricia
y sus piedras y los agujeros erosionados de las piedras
se deslizan por las cortezas de los árboles
y las cicatrices humanas que ya son cortezas a fuerza de vivir y vivir.
se deslizan por la superficie de unos labios secos hacia el cielo

y por unas viejas gafas de sol encontradas entre

gotas y estrellas
de
lluvia y noche

y con las gafas de sol todo cobra un significado que olvido al instante y me sirve definitivamente.

las formas de sonreír en una [...?¿...]

venero el viento que nace en los
rayos gamma malva ultravioleta
y alguna
ráfaga que naufraga en
la corteza del corazón muerto o vivo o mío.

venero los rayos de las
linternas y los rayos que provocan catástrofes
naturales
dentro.

venero largas series de fenómenos
de la vida y la lucha por la vida y
a parte, venero

tus labios deformados en su forma original en ese __________ instante
el color verde casi en el
escondite
la alegría de la atmósfera involuntaria y
terrestre
______________ derramada
____________________ por tu cuello

tu cara a__b__r__i__é__n__d__o__s__e

hasta donde nació aquel
viento.
venero el viento que nace en los, en los, en los,
en los rayos.

esos nunca encontrarán [...?¿...]

subes entre la marabunta subterránea y viajante del metro
y tu alma te aguarda arriba en la vida
y tu cáscara vacía se deja llevar al subir al vagón
y tu mano sin querer golpea el bolsillo de un viajero
y poco antes alguien le robó la cartera y el viajero
sospecha de ti y de tu golpe y comprueba si está lo que tenía
y nada, así que te encuentra fácilmente y te llama
ladrón.
ladrón. ladrón de qué. que te registren. esos nunca encontrarán tu alma.

hay una cosa que brilla como si el día fuera la noche [...?¿...]

hay una cosa que brilla como si el día fuera la noche,
es como si el sol fuera una bombilla de bajo consumo,
como si una linterna estupenda en el bosque
no hiciera nada para iluminar el camino
porque tus pasos dejan toda la luz que los animales beben
y rastrean,
son los animales que moran en el bosque de las máscaras rotas
son los animales cuyas fauces mastican y rehacen las máscaras rotas.
hay una cosa que brilla como si no importara ningún otro rayo en el universo.

poco antes de ir a dormir [...?¿...]

y ya muerto de sueño me fui entre las sábanas.
mis sensaciones se fueron transformando
en oleadas de deseos revelados en collage debajo de collage de piezas
de mundos en burbujas comunes en el aire que había respirado.
y ya muerto de vida me pareció escuchar el zumbido de un mosquito
y mi cerebro reencendía su alma y aumentaba el zumbido.
pero no había mosquito, tan solo un zumbido que no sabría decir si era un recuerdo
un sueño o algo oscuro e independiente en mitad de la noche.

film [...?¿...]

este film del videoclub
sólo hace que sacar música
y larga

y mi vecino deja escapar de la pared
una melodía a parte, pero

encaja
en la música de este film del videoclub, bueno,
del cajero automático del videoclub.

y pasa un borracho bajo la ventana
-el mismo que me despertó ayer de una pesadilla
o de un sueño maravilloso, no recuerdo-

y el borracho lleva
a todo trapo su voz indie
y eso sí me cuesta creer,
que encaje su voz con lo que saca el film
y con eso de detrás de la pared

y ahí está mi radio,
mi único aparato de comunicación
-además de mi móvil de batería muerta
y mi vida-
ahí está mi radio
con todo
y yo no me atrevo a ponerla
por si lo que salga
fuera a encajar con el montón de ondas que están
flotando como burbujas invisibles.

el encaje de un puzzle así como si nada
me da una especie de vértigo parecido al laberinto de
espejos dónde uno de ellos
se me antoja más real que yo.

y me atrevo a poner la radio y suena una interferencia
-hacía tanto que no ponía la radio-
y las interferencias suelen encajar en cualquier lado
cualquier pesadilla cualquier sueño maravilloso.

y el viento sopla muy fuerte y hace vibrar los cristales
y una mosca estresada huyendo aterriza
en los cristales con el leve
sonido que nunca
puedo escuchar ____________ y esta vez
escucho.

está a punto de ensordecerse
el rompecabezas que suena al mismo tiempo:
la música, la melodía, la voz, la interferencia, el soplo, el sonido
leve
todo está a punto de enmudecer, por

un cacharrazo cuyo eco llega ya.
ni idea de dónde viene el cacharrazo.
yo solo quiero continuar este film.