en un abrir y cerrar de ojos
en un nacer y morir,
mi esternón agarrotado
inspiró el viento desde sus poros.
y los árboles emergieron de mi pecho
como dedos verdes en la rendija de una puerta.
los árboles rozaron sus cortezas salientes
sin miedo a mostrarse tal cual son
y de la caricia se prendió el incendio solar.
amaneciente, el incendio incineró
mis errores biodegradables.
pánico y granizo caían congelados
y mi nuevo sol ultravioleta licuó granizo y pánico
en cosquillas de lluvia
crepitando en eructos de un recién nacido.
llamas de 43 grados acabaron por derretir mi esternón agarrotado
en ríos de miel y sangre,
en músculos sueltos y volátiles
volando entre el magma,
músculos volando como delfines rojos y brillantes
expirando un solo suspiro
prolongadamente quebrado.
todos los ríos de mi esternón
formaron un mar de sal y miel,
yodo y sangre,
dilatándose en oleaje a lo largo y ancho de mi rumbo indetectable.
y este mar de vida se alza más alto que el cielo,
más alto que la estrella más lejana que exista
más que cualquier mal,
y este mar de vida se abalanza sobre mí
como un deseo indefinido sobre un cuerpo deseante.

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