mejor eso que nada [una mezcla en mi cuerpo]

en el metro

ejecuté un movimiento corporal
con las piernas
ese movimiento que repercute
en la columna vertebral.

me removí, vamos,
y no me gustó removerme.

así que mis pulmones
se quejaron con un
resoplido.

en ese punto de la compresión
mi cara se contrajo
en una mueca de desagrado,
de rechazo.

se dio la circunstancia
de que en ese instante de la mueca,
mis ojos se cruzaron con su mirada.

era la mirada que nace
de una frustración? de aburrimiento?

él ya había llegado a la conclusión
de que mi mueca de rechazo
era hacia la forma de su cara
o de su boca torcida.

tuve que deshacer mi mueca
hacia una cara neutra
parecida a la de un médico profesional.

desvié la mirada para buscar puntos, cosas.
fracasé.

y ahí fui algo irresponsable:
volver a mirarle!
pero es que me moría de curiosidad!

y él seguía con su mirada clavada en mí,
como una barca que hubiera clavado
setenta anclas en el fondo del mar,
por si acaso, nunca se sabe.

él ahora sin mí
ya no podía navegar.
yo no le dejaba navegar.

en un despiste mío creí que me había soltado.

y me lo encuentro a mi espalda,
como a 35º a estribor.

recordé que cuando se te escapa la risa ante un frustrado,
suele conllevar uno o dos puñetazos.

me contuve, casi.
bajé lo más rápido que pude y reí a gusto.

en lugar de un puñetazo
solo recibí miradas desconocidas
de reprobación, extrañeza o indiferencia.

mejor eso que un puñetazo.
mejor eso que nada.

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