El sol descendía y apretaba,
su mano descendía y apretaba mi nuca
y con sus dedos dirigía mi mirada hacia esas tapas metálicas en la acera.
El gas, el agua, la electricidad.
El teléfono.
Se me ocurrió que podría ser un buen regalo
un agujero en la acera,
con la tapa metálica como envoltorio
y debajo, una sorpresa.
Felicidades,
te doy algo que antes fue mío.
Felicidades,
te doy un espacio vacío y oscuro
para que lo des a luz
o lo anochezcas.
Lo mismo podemos regalar una caja fuerte,
sin combinación,
una caja que esté siempre cerrada,
abierta a suponer e indagar.
Ahora mismo me decanto más por tener un espacio vacío y oscuro
bajo la acera, para introducirme como un riachuelo de lluvia sucia.
Ahora mismo necesito anochecer.

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