¿cómo lo vamos a llamar? [...?¿...]

nunca has tenido tanta sed como aquella noche,
noche en que saliste del quirófano de tu cama de siempre
y la sangre resbalaba por los hilos negros que mal cosieron
el boquete, fruto de tu pecho.

se escurrió del boquete
un sueño que no se pesa en una balanza
un sueño que se ha gestado más de nueve meses
siguiendo una dieta estricta de oscuridades, cuevas y hogueras.

solicitaste las deducciones fiscales para criarlo,
suerte que este mundo defiende a ultranza
que los sueños perpetúan la biología humana
y generan un producto interior bruto de valor incalculable.

recuerdo que tu sueño se colgó como un mono por tu cuello, tus oídos
los músculos del corazón
y nunca se ha sabido bien si grita o llora de hambre o de risas.
recuerdo que una vez se lo diste a alguien para que lo acunara entre sus brazos
y lo secuestró pidiendo el rescate de tu propia esencia
y se lo arrancaste de raíz como el huracán desentierra las raíces del bosque.
recuerdo que cuando tu sueño estuvo pachucho
le diste los pezones de tus palabras menos pronunciadas
y lo alimentaste de lo imposible.
recuerdo también cómo lo llevaste de viaje
o él te llevó a ti a esos lugares de poco turismo dónde el dolor
se erosiona suavemente con las caricias de otro tipo de viento
y alguna vez el dolor llegó a ser una ruina del pasado.

hoy me enseñas parte de tu sueño y me haces la eterna respuesta:
¿cómo lo vamos a llamar?

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