airéalo a todo.
airea los órganos que tienes bien alimentados
a base de meditación, cogido a la barra del metro
de oraciones vocalizadas entre palomitas
y deporte con el movimiento de tu cuerpo sobre el sofá.
airea las viejas ideas impuestas como el tapón en el desagüe
las ideas que aprietan el cuello de tu pequeña libertad cotidiana
porque quizá, la media hora antes de ir a dormir
es el tiempo esencial de lo que queda en el mundo
del lado de acá y
del lado de allá.

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