ferocidad y fiereza [...?¿...]

la impaciencia es la hijaputa de la ciencia.
cuando tenemos camisetas refrigeradoras,
suelas blandas de goma que hacen saltar más,
walkmans que se llaman i-pods,
microondas que reducen el tiempo como sólo podía hacer un filósofo,
jaulas que nos permiten ver animales lejanos,
bebidas energéticas que revelan la verdadera fuerza del cuerpo y la mente.

será que los avances -el uso de los avances, lo sé- nos anestesia como si nos curara
y nos saca de nuestro pequeño manicomio de libertad
para no sufrir -pensando, critica que criticarás, llorando con fuerza centrípeta-
para enroscarnos como un clavo en el consumo industrial del placer
y dejar que nos oxidemos hasta que nada pueda sacarnos de ahí
y nos convierta en un clavo más:
todos asombrosamente iguales, desaparecidos
al hacer desaparecer nuestra naturaleza imprevisible.

sólo digo que (joder, qué mal suena y aún así lo dejo)
tenemos la elección de que ya no nos guste el top 1 en ventas con el que hemos convivido
desde el feliz día de nuestro nacimiento.
y tenemos también la elección de que sí nos guste
pero eso comporta una elección larga y madurada (qué aburrido suena y aún así lo dejo)
en estado salvaje -que no vegetativo-
y comporta -me arriesgo un poco más-
un placer que siempre estará tambaleante en la cuerda floja.

por mi parte, me gustan los actos impacientes de ferocidad y fiereza.
uno de cada cien me hace sentir que aún hay esperanza. no es poco.

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