el niño del mechero [vueltas de campana]

la luz del mechero es lo que único que se vio en esa larga noche.

el día empezó y las propiedades del sol se quedaron en su lugar.
él estaba de pie y encendió su cigarrillo.
la luz del mechero es lo único que se vio.

regresé de mi viaje al Zurich.
el atardecer estaba condensando presencias infinitesimales
una lluvia absolutamente deseada por el asfalto,
cuando él encendió otro cigarrillo.

la noche ganó en densidad muscular
y yo seguía viviendo en mi camino directo
entre un graffitti y otro.

volví a pasar varios días por la misma pared, por el mismo juego óptico que alguien pintó.
y él estaba de pie, seguía de pie.
y encendió otro de sus cigarrillos.
la luz del mechero es lo que único que se vio.

el cielo dormía bajo las sábanas de las nubes.
yo seguía buscando erosiones en las paredes para jugar con el tiempo
y volví por el mismo lugar, varios días.

una vez él estaba sentado en el suelo.
sacó su mechero.
me pidió fuego como si viniéramos juntos de un baile.
le dije que no tenía.

me fui al cine y vi una película de incendios.
me fui a comprar y los alimentos se habían abrasado.
puse la radio y ardía una montaña entera.
mi piel miraba el mundo y solo veía fuego.
pasaste a mi lado y nunca lo supe.

la luz del mechero es lo que único que se vio en esa larga noche.

todo lo que refleja [vueltas de campana]

espejo,

no, pero
dibújame un bosque, una montaña y algo que no me dé miedo
puedes dejar espacios
que vayan envejeciendo de manchas con el paso de las manos.

dibújame algo posible, algo que pueda desear
puedes usar las puntas
desgastadas a la fuerza
hunde líneas en tu piel reflejante, arañazos largos
que me recuerden los caminos que me llevaron a algún sueño inevitable
que me recuerden algo posible, algo que pueda desear.

dibújame el oxígeno en la materia oscura
y líbrame de lo que creas necesario
dibújame
lo nunca visto.

espejo,

déjame salir de este vapor de agua
no quiero ser más una de sus alucinaciones
no quiero darle miedo más
déjame entrar
y decirle
que yo soy él
que le deseo
y que soy la bestia que siempre le buscó
la bestia que se puso entre él y su abismo
la bestia que también le condujo a sus pesadillas
para que viera lo que tenemos

todo lo que podemos desear.

y no, no me voy a quedar,
no, pero dibújame,

espejo,
voy a saltar.

hecho [vueltas de campana]

el barrio abandonado.
las almas
abandonadas.
las esquinas consumidas por los giros a escondidas.

los andamios a medio hacer,
abandonados.

los objetos ya no servían como antes.
todo había cambiado hacia el abandono.

así que dos personas corrieron cogidas de la mano
corrían tan rápido
que a veces se soltaban la mano
y corriendo
volvían a cogerse en el aire.

giraban una esquina y otra esquina y otra esquina derruida
hasta desaparecer.

solo se escucharon caricias de lenguas sobre labios abiertos
resonaban por las alcantarillas abandonadas
y despertaron a sus ratas, a sus murciélagos
y a todo lo que habían deseado en lo más hondo de su identidad.

dos personas hicieron el amor hasta destruir todo lo que erróneamente habían soñado.

el destino en tus manos [vueltas de campana]

era como un amor de verano
pero era invierno
y no era amor.

era como la certeza de estar prisionero
en una caja profunda y sin techo
y no poder salir del juego

pero tu sangre dibujó los signos de tus deseos
sobre las paredes de la caja

y estuviste un invierno
rodeado de tus signos
con la nieve cayendo dulce y pausadamente
como el destino cae sobre nosotros

y sabías que la nieve deshacía todos los signos imaginados
y que la sangre se deshacía en lágrimas sobre los límites verticales
en la caja dónde naciste prisionero.

nunca sabrás por qué
tus manos empezaron a engrandecerse
hasta ocupar todo el espacio que te mantenía seco

y tus manos solas colapsaron el mundo,
enormes, agarraron este mundo como un puñado de agua viva y coleando
con su invierno
con su nieve
y el destino en algún punto oscuro de tus manos unidas.

ya no más - dijiste
y el destino estuvo entre tus enormes manos unidas y fuertes.
lo mataste y te sentiste mejor.
al segundo

saliste y lo hiciste.

lo hiciste.

dentro de tus ojos amarillos [vueltas de campana]

somos a veces

un aliento vago y ambiguo
desintegrado
a lo largo y ancho de la lengua negra e inmensa
dónde estrellas mueren, brillan y nacen.

y a veces lo que está desintegrado
es lo que tiene más fuerza para retener
y susurrar
en un descuido lleno de ruido
dentro de tus ojos amarillos de cava revuelto.

tal vez no lo seamos a veces
así que vuelvo solo a lo que te decía
frente a este conejo pintado en la pared
de lengua negra e inmensa
sin ojos, sin pelo, sin corazón:
somos a veces.

Bodhisattva [vueltas de campana]

estabas tan guapo cuando me salvaste la vida.
sentí la fuerza de tu mano en mi antebrazo
y mis dedos casi se funden apretando en tus venas.

me sacaste de las arenas estáticas dónde me ahogaba
y me devolviste a las arenas movedizas
dónde podía golpear mi dolor con una carcajada de acero.

ahora veo todo tu amor como un acto de compasión
que no me hace sentir mal.
ser salvado es también algo de héroes.

parkour [vueltas de campana]

no sé por qué
lo natural me llega anti-natural.
o soy un artificio de mi cultura
o exagero.

la luz está deformada como el hierro al amanecer.
o me he vuelto loco
o soy distinto de antes.

los límites de mi física van a dejar de reprimirme
y cogeré la ocasión y estiraré mis brazos
como si me levantara de un sueño de 25 horas y pico.

para empezar mi cabeza será el eje rotatorio
y veré las broncas del pasado más remoto
del revés
y todos los envoltorios de donuts
que lancé a la calle
y que ahora están descompuestos en este planeta.

mis pies se descoordinan de todo lo que han aprendido falsamente
y titubean con un asiento de cartón en la calle,
con la persiana metálica, pintada y tirada en medio de las afueras.

persiana que al pisarla, suena como un piano a medio construir, cayendo…
…irrumpiendo en una tumba abierta y robada.
mis pies se hunden en ella
sacando la primera sinfonía de un amigo lejano.

y me muevo lateralmente entre la tierra y el cielo
de un salto
mis manos tocan el vino de la tierra, mis manos tocan el F-16 del cielo
de un salto
los ruidos se saltan mi garganta
y empiezan a salirme realmente del estómago, del pecho,
como labios recién nacidos sobre la carne.
crezco espiritualmente hasta lo alto de los bebés que una vez
huyeron de sus casas y no volvieron.

ex-amor [vueltas de campana]

tu amor entre mis dedos
dura más que el agua de los océanos de la Tierra
en mi garganta
entre las olas, el viento y la lluvia del Mediterráneo
dónde el tiempo solo existe en mi ritmo respiratorio
y mi cabeza sigue ciclos en función de mi resistencia
hacia fuera y hacia dentro de las profundidades
dónde los peces viven tranquilamente hasta su muerte.

el amor es necesariamente interminable.
necesariamente evoluciona hacia el odio que parece blanco
pero es de humo; el afecto, el respeto, el sexo,
la energía
lo imprevisible
evoluciona el agua de los océanos del Mediterráneo
entre las olas, el viento y la lluvia
sinergias volando alrededor de un pedazo de carne arrugada.

¿por qué cada cosa que tocamos nos llama a gritos?

spray [vueltas de campana]

llegan los del servicio de limpieza
con el cubo de agua y jabón
para limpiar por encima
una máscara hecha de spray en la pared
que había unido dos paredes desniveladas
bajo un personaje.

pero él ha pasado mañana
y sólo ha visto el resultado disuelto

como el maquillaje disuelto con el sudor del teatro.

el que hubiera sido un cubo de agua y jabón
ni se le pasó por la cabeza
como mucho, la lluvia.

ti [vueltas de campana]

tiki tiki
loca de remate, dicen
tiki
pero qué
si sólo escuchas ciega de sonrisas oscuras
lo que queda de verdad
en este manicomio envuelto de horarios cerrados
tiki
si sólo quieres moverte de puntillas
con toda la fuerza de tu tendón de Aquiles
bailar sobre la inundación de un río desbordado
sobre cada cuerpo muerto de cada dolor que sentiste
bailar por encima de lo que fuiste
de todo lo que ya no eres
y que te hace ser
tiki
con tus brazos toqueteando la hojarasca de la vida
- hojarasca seca inquieta llorica terca - hojarasca quebradiza -
tiki tiki
si sólo escuchas ciega de sonrisas oscuras
lo que queda de tu esperanza
- esta vieja niña que nunca para de bailar - cerca –

lápida sin palabras [vueltas de campana]

su solución más extraña fue escalar una montaña llamada osmosis, con sus piquetas y sus cuerdas.
escalar para aguantar el peso en quilos de la sangre que le quedaba.

quería pero no quería admitirlo. quería y no osaba.

sus dedos y sus pies le condujeron a lo largo de largas noches escaladas.

por osmosis cedieron sus pies y sus dedos. sus piquetas y sus cuerdas empezaron a flotar y
abandonó su peso real - para rebobinar durante esas largas noches - viejas conocidas.

osmosis podría ser la sensación
de hacer como si hicieras algo sin hacerlo
de hacer como si hicieras algo por una sensación
pura, cruda y dura.

y el peso de su cuerpo más físico empieza a flotar cayendo
sin parar nunca – se expande en la distorsión extendida del firmamento
por osmosis
disuelto más, un poco más entre el iris inmenso
gris cálido de la lluvia caliente.

y el escalador concilia un sueño en algo parecido al viento

y hace que sople, sobre un hombre que pasaba justo por ahí. de amigo a amigo.

no puedo creerlo pero me lo creo [vueltas de campana]

se puede
se puede ver desde el rabillo del ojo del sueño más despierto
se puede vivir andando desde el lugar más lejano
y también
se puede llegar con una flipada de larga duración.

no puedo creerlo pero me lo creo
aunque sea me lo creo a mi antojo
y lo suelto como quien no quiere la cosa
aprovechando la multitud de luces.

me quito un peso de encima cuando vuelo al leerte los labios.
y otro y otro peso
hasta mi anorexia.

anda, pero si no estoy enfermo! si no me falta nada!

soñar, vivir, flipar.
si tienes comida y
unos segundos de libertad, se puede.

chorradas [vueltas de campana]

iba andando por la línea del arcén de la autopista
con cuidado
al pasar los días pneumáticos que seguían los límites del tiempo
los días de inercia irresistible
días que podían rasgarme la piel de los codos.

hacía auto-stop
por probar suerte
por si uno de esos días incuestionables
se detenía.

supongo que tuve suerte
y un día sin sol se destuvo para mí.

y me dijo que nunca me dejaría volver a ver la luz del día.
y yo me enamoré de sus estrellas atravesando los párpados negros del cielo.

cuando la noche me conducía en la autopista
los días pasaban con otra importancia
como si el tiempo… ya se sabe.

puedes llamarlo
juego
sueño
inocencia, pero
mira,
si existe algo feliz que tenga sentido
yo fui feliz
y ahí me muevo
una infinidad de veces
con los restos de tus chorradas;

es que tus chorradas también tenían esencia eterna.

no pensar [vueltas de campana]

se engancharon en nuestros pechos
los mañanas por la mañana,
como la arena se enganchó
en nuestros labios goteantes de mar.

y llegaron a los sueños
nuestras manos sedientas,
como las largas olas llegan
hasta la playa de un desierto.

echamos algún polvo
esparcido
polvo perdido
en la habitación de la choza de las afueras del puerto de la isla de la Tierra
una noche.

y alguna vez una noche
la paciencia renació de vuelta
olvidando cualquier mal estúpido
recordando todo lo animal y puro.

ni pensar quisimos.