se engancharon en nuestros pechos
los mañanas por la mañana,
como la arena se enganchó
en nuestros labios goteantes de mar.
y llegaron a los sueños
nuestras manos sedientas,
como las largas olas llegan
hasta la playa de un desierto.
echamos algún polvo
esparcido
polvo perdido
en la habitación de la choza de las afueras del puerto de la isla de la Tierra
una noche.
y alguna vez una noche
la paciencia renació de vuelta
olvidando cualquier mal estúpido
recordando todo lo animal y puro.
ni pensar quisimos.

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