su solución más extraña fue escalar una montaña llamada osmosis, con sus piquetas y sus cuerdas.
escalar para aguantar el peso en quilos de la sangre que le quedaba.
quería pero no quería admitirlo. quería y no osaba.
sus dedos y sus pies le condujeron a lo largo de largas noches escaladas.
por osmosis cedieron sus pies y sus dedos. sus piquetas y sus cuerdas empezaron a flotar y
abandonó su peso real - para rebobinar durante esas largas noches - viejas conocidas.
osmosis podría ser la sensación
de hacer como si hicieras algo sin hacerlo
de hacer como si hicieras algo por una sensación
pura, cruda y dura.
y el peso de su cuerpo más físico empieza a flotar cayendo
sin parar nunca – se expande en la distorsión extendida del firmamento
por osmosis
disuelto más, un poco más entre el iris inmenso
gris cálido de la lluvia caliente.
y el escalador concilia un sueño en algo parecido al viento
y hace que sople, sobre un hombre que pasaba justo por ahí. de amigo a amigo.

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