en menos de un minuto [debajo, detrás, dentro]

en menos de un minuto
cultivaste cinco besos sobre la carne de mi cuello fértil
pronunciaste cinco puntos sobre el dolor
revelaste la acupuntura de mi aislamiento.
y en consecuencia
las grutas de sangre dentro de mi cuello
cambiaron su volumen, su densidad, su peso.
otro timbre en mi voz es tu cosecha.

logotipos [debajo, detrás, dentro]

cuando me vienen cosas raras a la cabeza
lo primero que pienso es que he comido mal,
excepto cuando he comido bien.

por ejemplo hace un rato he comido bien,
pero un montón de logotipos publicitarios se movían ligeramente
por mi pensamiento,

logotipos de empresas que no recuerdo, vacíos de significado,
pero penetrantes como el jingle pegadizo de una radio.

creo que comeré sardinas con salsa rosa y nata.
es lo que se me ocurre
para que alguna pesadilla borre los malditos logotipos.

bebé [debajo, detrás, dentro]

empieza mudo, silencioso,
tan callado que evoca sonidos inmediatos.

y llega un leve aire de pasar página
entre sus manos y sus dedos mojados
el aire traspasa la barrera de la voz.

se construye, levanta su lluvia de miradas
-sabes lo que digo si miras directo al sol-

arde, ruge, aprieta el mundo
y lo que hay dentro de mí.

rompe el universo
lo despedaza su tacto de carne blanda
lo devora su boca de agua
lo aspiran sus pulmones alados:
cada estrella, cada agujero.

ansioso hasta la destrucción
impotente por querer más,
más hambre, más universo,

grita sin saber que luego
ya no es el mismo bebé.

luego, ahora, su pecho se mueve en calma,
como las olas del mar después de la tormenta,
ondulando
sobre corrientes cálidas y frías,

sus ojos vuelven a ser ruinas de furia y fuerza,
adormecidos, penetran a lo lejos, en la tormenta alejada,
y en el sueño
guarda, bajo el babero ensuciado,
nuestro universo, una vez más, a punto.

la alergia [debajo, detrás, dentro]

los dedos de él podrían ser tan adictivos de mirar
como las prolongaciones de una constelación
pero es como si hubiera demasiada luz eléctrica
y no pudieran detenerse mis ojos en sus dedos.

la luz eléctrica que me distrae no es luz,
son sus labios naturalmente deformados a la izquierda.

su deformación me llama la atención hasta hacerme inclinar la cara,
y cuando he vuelto mi cara a su lugar
escucho su pronunciación altamente inexacta
y descubro que existen sonidos que yo nunca antes había oído.

el otro día delante de la gente
salió de mis labios un sonido igual
salió de algo impulsivo que liberé.

cuando miro mis dedos apenas puedo recordar
la perfección de sus dedos en aquella noche cualquiera,

pero cuando toco mis labios, tranquilos,
puedo notar aquella deformación en mí,
incluso notar en la noche que el universo se deforma a la izquierda.

dicen que tenemos alergia a la perfección.

llagas [debajo, detrás, dentro]

Me sitúo: en el primer asiento del primer vagón.

Y a mi lado y al lado de la barra se sitúa:
de pie, una mujer negra y unos ojos asiáticos
y un pelo teñido de rojo. Es fea y guapa.

Mi brazo suele recostarse en la barra
no sé dónde suele recostarse su pierna. Hoy, en mi brazo.

Las ruedas de los vagones empiezan charla que te charla,
de una vía a otra
de una curva a otra
de una estación a otra

y el deslizamiento de las ruedas
me recuerda
a las breves caricias de nuestras extremidades,
pensé que las caricias serían un accidente del azar
o un accidente causado por el traqueteo.

Vi su brazo desnudo,
vi sus marcas de vida, de muerte,
puntos enrojecidos con círculos solares a su alrededor,
llagas en distintas fases de erupción,
carne cálida, volcánica, atómica.

Mi rutina de bajar en la estación dónde solía bajar
pudo más:
mi mano cogió la barra para levantarme
y como por uno de esos trucos que te hacen en las esquinas
parte de mi mano rozó su mano.

No la apartó.

La dejó, sí, la dejó.

Y yo me sentí tan aterrado como ella.
Por lo menos en apariencia.

Mi dedo meñique dejó de tocar,
tocar es frío
preferí acariciar una de sus llagas.

Sus ojos de insecto me miraron aislados.
Y yo me sentí insecticida. Cuando solo quería... no sé qué quería.

Las puertas del vagón ya se habían abierto para echarme.

Ojalá pudiera imaginar que la próxima vez
ella sería capaz de sentir aquel pánico medio infantil...
una inyección? uy, uy, uy.

Ojalá su ansiedad sea del tamaño de mi ansiedad.

una parte de ti [debajo, detrás, dentro]

decides irte a dormir sin abrir la vieja bolsa de plástico.
y cuando ya sueñas con las cimas de Orión,
el bichito sale de su bolsa.

salta, baila, corretea por las paredes,
y se cuelga del techo absurdamente inalcanzable.

y de pronto tus ojos cerrados parecen ver cerca de las estrellas
algo como un bichito bailando al son del fuego.

te despiertas y el bichito se queda paralizado
con una pierna levantada, sobre tu mesa desordenada.
tú no le ves ni recuerdas el son del fuego.

te vas de la habitación, hacia la hoguera de San Juan,
el bichito sabe cuándo recordarás,
el bichito paralizado te sigue con los ojos
hasta que desapareces.

sssssssssssssssssssssssss [debajo, detrás, dentro]

una rodilla de las nuestras cayó sobre el hielo en la tierra,
y activó una neurona dormida en el viento del cerebro
más un corte,
brillante como el hielo en la tierra.
después, un bostezo medio herido que nos despeja.

la tabla de windsurf abre la cremallera sobre el mar
la tabla de windsurf
y esa fuerza táctil que nos repara las setenta hélices para volar.

la caída libre
provoca la libertad de los labios para parpadear una vez
y tragar el horizonte aéreo de esa centésima.
es la misma adrenalina de la huída y el ataque.

sssssssssssssssssssssssss

nubes compactadas [debajo, detrás, dentro]

hablo rápido porque no tengo nada claro.
ahora no puedo ver las nubes en el satélite meteosat.
mañana hará sol y al otro también.

voy a beber agua del grifo y al inclinar mi pecho
siento que todas las nubes del planeta
están compactadas en mis cuatro ventrículos.

no sé cómo he llegado a ejecutar este atraco al cielo.

pero mientras nadie se queje,
me quedaré un poco más con todas las tormentas en mi circuito sanguíneo.

hoy sí [debajo, detrás, dentro]

atrapados como los extraños dibujos de gotas polvorientas y secas
ayer no conseguimos escapar de los cristales de coches y ventanas,
hoy sí

no sonó la sirena de la emergencia indefinida
ni los campesinos nos pusimos enfermos de ver tanto alimento
ni los submarinistas nos atrevimos a tocar los cuerpos hundidos,
hoy sí

tampoco los jefes de sección dijimos la verdad
y tampoco los soldados revolvimos el chili de las raciones individuales,
ni los jubilados recuperamos la pensión y la maldad
ni siquiera los huérfanos quisimos ser padres,
hoy sí

ayer tú y yo no nos buscamos en los ríos de asfalto azul
ni tampoco nos encontramos en el frágil mundo de un pañuelo mojado
ni los canguros saltamos en carcajada limpia
sobre el mismo pañuelo mojado y el mismo mundo aguado,
ni tan siquiera soñamos ser estos canguros,
pero hoy sí,
solo hoy…
hoy sí!!