llagas [debajo, detrás, dentro]

Me sitúo: en el primer asiento del primer vagón.

Y a mi lado y al lado de la barra se sitúa:
de pie, una mujer negra y unos ojos asiáticos
y un pelo teñido de rojo. Es fea y guapa.

Mi brazo suele recostarse en la barra
no sé dónde suele recostarse su pierna. Hoy, en mi brazo.

Las ruedas de los vagones empiezan charla que te charla,
de una vía a otra
de una curva a otra
de una estación a otra

y el deslizamiento de las ruedas
me recuerda
a las breves caricias de nuestras extremidades,
pensé que las caricias serían un accidente del azar
o un accidente causado por el traqueteo.

Vi su brazo desnudo,
vi sus marcas de vida, de muerte,
puntos enrojecidos con círculos solares a su alrededor,
llagas en distintas fases de erupción,
carne cálida, volcánica, atómica.

Mi rutina de bajar en la estación dónde solía bajar
pudo más:
mi mano cogió la barra para levantarme
y como por uno de esos trucos que te hacen en las esquinas
parte de mi mano rozó su mano.

No la apartó.

La dejó, sí, la dejó.

Y yo me sentí tan aterrado como ella.
Por lo menos en apariencia.

Mi dedo meñique dejó de tocar,
tocar es frío
preferí acariciar una de sus llagas.

Sus ojos de insecto me miraron aislados.
Y yo me sentí insecticida. Cuando solo quería... no sé qué quería.

Las puertas del vagón ya se habían abierto para echarme.

Ojalá pudiera imaginar que la próxima vez
ella sería capaz de sentir aquel pánico medio infantil...
una inyección? uy, uy, uy.

Ojalá su ansiedad sea del tamaño de mi ansiedad.

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