Bis [Tumbas y sueños]

Los recuerdos experimentan mutaciones a lo largo de su vida.

Comúnmente, un recuerdo nace con deformaciones impresionistas
en mitad del presente
y a veces incluso se vive un momento determinado
pensando en las líneas y contornos de un recuerdo que se sabe vencedor.

A la vuelta de la esquina, ya no queda referente real.
Y sacamos normalmente una goma de borrar que se forja
en los talleres de la emoción, ahí donde el tiempo interno no existe.

Esta es la forma del recuerdo típica.

Pero con el paso de los pies, el recuerdo va girando y girando
como el torno del alfarero
y nuestras vidas van moldeando el jarrón,
más angulado, menos, más estrecho en la obertura
o en la base más ancho,
y ese recuerdo se va volviendo una mutación constante.

Y al final ese recuerdo se despedaza como un jarrón,
sin querer, sin siquiera haberlo visto colocado en el pasillo.

Entonces el recuerdo nos hace un último bis
y se acomoda dentro, escondido en las letras de nuestros nombres:
no hace falta que le llamas recuerdo si no quieres,
puedes decir que se trata de ti.

No hay comentarios:

Publicar un comentario