Nubes de árboles grises
dejarán caer la lluvia de hojas de secas
sobre los ojos de los esqueletos.
Los caminos quedarán sepultados
con los huesos gruesos y las finas ramas
mientras pasan las ruedas pinchadas de los sueños.
Las yemas de las estrellas
apretarán mi laberinto invertebrado
y su fuerza hinchará los márgenes de mi frente.
Cuando sus dedos vuelvan a la noche de siempre
quedarán, tal vez, borrosos rastros de su paso
y sin nada claro en los caminos
podrían crujir las ruinas de estas legañas emigrantes
si alguien me despertara con un abrazo.

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