Cuesta escribir...
El cielo se hunde en la tierra
la refinería de Repsol
saca los mocos negros de sus narices
por última vez
y el cielo
alarga los dedos de la niebla
hasta las profundidades de la tierra,
en caricias hundidas en el alma.
Cuesta escribir...
La lluvia sobre los rascacielos de La Caixa
es aceite hirviendo
y el cristal entra en calor
y las vigas se acartonan.
La lluvia sobre los túneles del metro
serpentea la nueva temporada de El Corte Inglés
sus uñas afiladas rasgan
las imágenes que una vez fueron impuestas en dictadura.
Cuesta escribir...
Las ratas salen liberadas
comen los pies entaconados,
su pelaje negro se queda quieto
en la superficie de las calles,
sus ojos rojos observan
la quietud del derrumbe de las ventanas de litio.
El huracán del otro mundo
coge los ayuntamientos, la Generalitat y el Parlament
como la mano envuelta en plástico
recogiendo la caca de los perros.
Cuesta escribir...
Las prisiones petan por las goteras insalvables
y la mayoría de las bestias aladas
sólo hacen que exiliarse
en busca de lo que perdieron en el tiempo
mientras otras matan menos que la policía.
El blanco y el negro han dejado de marcarse
en la frontera de la Ciutat de la Justícia.
Los libros de leyes están en blanco
en las bibliotecas municipales, sección infantil.
Cuesta escribir...
La gente no tiene más remedio que hablar sin móvil.
Las máscaras no tienen más remedio que caer.
En los armarios de los sueños
meten el brazo a ciegas
para coger en la oscuridad
el disfraz para un mundo en ruinas:
el tanga que ya no puede tapar la moralidad cristiana,
las cajas de condones que los pederastas de sotana
guardaban en la sacristía han caducado,
los consoladores que los monasterios tenían expuestos
como mandalas sexuales en forma de cruz de Cristo
han dejado de electrificar.
Las esquinas del Zara se convierten
en mercados de intercambio autoorganizados,
el MareMagnum es okupado por alguna cooperativa,
los centros comerciales
se llenan de zombies recién resucitados
-yo el último zombieme
cuentan algo que jamás había oído
me cuenta un sinfín de mundos
me cuentan que las cosas se pueden hacer
de una y otra y otra manera.
Cuesta escribir...
Las revoluciones siempre fracasan
cuando no hay más conciencia que la propia piel.
Pero esta vez poca cosa impide imaginar,
algo de miedo, poca cosa más,
imaginar más allá de la propia piel
y encontrar a las otras pieles, carnes de gallina al aire.
Y en el camino
el dolor, la tristeza, la desesperación
asoma cada día tras los restos del asfalto.
Es un trapecio incesante en busca de lo posible irreal
donde los contrapoderes se construyen
para aislar el poder de una élite alfa
para que exista un planeta, mañana,
en otro tiempo,
desde este de aquí,
hoy
a largo, largo, largo plazo
hoy.
Cuesta escribir...

No hay comentarios:
Publicar un comentario