La luz de las farolas cae como las cascadas de las sienes.
Los látigos blancos de la carretera son las vías de la estación de Francia.
Los dedos huelen a llaves viejas.
La lluvia huele a caldo de asfalto y me siento como en casa,
tan solo porque esta prisión ha estado siempre aquí.
Desnudos en el parque, devolvemos la destrucción al suelo,
devolvemos el calor a la tierra,
devolvemos el agua a la hierba
y la luz de las farolas cae como las cascadas de las sienes.
El olor del autobús nocturno será el olor del vago recuerdo.
Ríos y mares de hojas secas llegan de más allá de la ciudad
y nos visten la piel reseca de humo.
Fantasmas que crujen en las persianas cerradas.
El borde de las aceras se erosiona un poco más esta noche
como el canto de los dientes.
Las montañas se desperezan de las toneladas humanas
mientras nuestros pechos caen como gotas de agua al amanecer
y las cucarachas maman nuestra saliva, entre besos sin labios.
Como las cascadas de las sienes,
la luz de las farolas cae.

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