Destapo el tapón, al fin,
por fin, dejo de ser quién era,
y saboreo la espesura de la sangre
soñolienta,
que corretea como un niño
en la cueva de los secretos,
¿qué secretos?
¿qué secretos?
esta vez los contaré:
saber que sigo enamorado de lo imposible,
y cuánto más imposible, más lo amo,
a muerte no, mejor a vida,
porque necesito estar vivo,
y por eso he huído tantísimo de las paredes
muertas.
¿qué secretos?
esta vez me chivaré:
saber que quiero saltar desde lo alto del
agujero más profundo,
aunque no quiera suicidarme -por ahora-
aunque una vez hiciera el pulso de la
muerte,
el pulso a mi yo fascista, nazi, machista,
mimado y egoista,
ya lo gané, más o menos, y no quiero
suicidarme,
de momento,
saber que quiero saltar desde lo alto del
agujero más profundo
y volar contra todo pronóstico
meteorológico:
mañana dicen que hará sol,
pero lloverá y lloverá y lloverá,
¿cuántas veces te dijeron que haría sol
y acabó rompiéndose el cielo por la mitad
en tu tormena, en tu lluvia de propiedad
privada,
la propiedad que guardas con recelo,
colmillos y gasolina inflamable?
Destapo el tapón, por fin:
érase una vez alguien que se traicionó a sí
mismo
y volvió a ser su viejo enemigo en el
espejo de un charco turbio
y volvió ser el viejo amigo suelto entre
sus sombras que tiemblan siempre,
siempre, siempre, ahora,
en el corazón de cualquier hombre medio
libre.

No hay comentarios:
Publicar un comentario