No tienen
importancia ya
las razones
de mi tristeza,
lo que
importa es esta lágrima
lenta.
Por las
ventanas del interior
l
lega esa
melodía de la luz
d
esde la
claraboya
y desciende
por las paredes como un pájaro
que no sabe
ni volar ni cantar.
Una vieja
melodía de Brasil
llega hasta
lo que esconde mi oído;
es ahí donde
nace feliz
esa lenta
lágrima.
Ella recorre
el interior de mi cara
y mi
cerebro la siente pasar
como un
brazo de luna entre los árboles.
Y mi lágrima
sigue su viaje
siguiendo el
contratiempo de la vieja melodía;
e igual que
esa luz al atardecer
se hace
fuerte un instante, y luego se apaga.
Cosa de las
nubes.
Así, mi
pecho ve en el horizonte
los viejos
ojos del mar de Brasil:
se hace
fuerte un instante, y luego se apaga.
Debería
decir que estoy triste
pero mi
lágrima baila
lenta
y asciende
como la marea tímida
encima de
mis párpados
pero no se
deja caer, no,
no es así de
fácil.
Ella flota
como un
reloj de arena en las manos de un loco.
Ella se
hincha de sal
como las
montañas blancas.
Mi lágrima
no piensa.
Mi lágrima
sólo crece.
¿Cómo voy a
decir que estoy triste?
Cae.
Como los
dedos de un madre en su cachorro.
Y las
cosquillas se pasean
por los
tensos músculos de mi cara.
Cae.
Los
recuerdos no tienen imágenes.
Las risas
que fueron ya no tienen sonido.
Las palabras
ya no son de ningún idioma.
Cae.
Y sus
cosquillas me hacen reír.
Cuando ya
no suenan,
las melodías
no terminan nunca.
Quedan
líneas de humedad
pero no hace
falta secarlas.
Ellas solas
desaparecen.
Yo deseaba
que sus cosquillas duraran más,
pero estas
cosas no hace falta desearlas;
almenos mi
lágrima vuelve
siempre a
veces siempre.
No, no puedo
decir que esté triste,
porque no dejo
de sonreír
mientras me
levanto
no dejo de
sonreír
mientras me
quedo despierto
mientras me
quedo vivo…
Esta
es la sonrisa de mi lágrima
lenta.

No hay comentarios:
Publicar un comentario