Hablo con gentes y sólo veo espejos:
el que me copia la cara
el que me la deforma para subyugarse a mí
el que me engorda para sentirse más fuerte que yo.
Un día cogeré un martillo y empezaré a romper
caritas de cristal,
sin demasiado arte, cierto.
Pero más vale estar solo
que en un teatro reconvertido en fábrica.
Solo, en silencio, en la oscuridad.

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