llevaba los cascos puestos
canturreando una vieja melodía
como si fuera la tercera vez que sonaba en el mundo
como si ya se empezara a habituar a salir
de mis labios.
no gritaba mucho y la gente
no me hacía demasiado caso
por la hora oscura, el olor a vómito
y la coca-cola atrapada en el suelo:
mi vieja melodía era lo de menos
y yo me escondía tras los cascos mudos
con la calvija colgando dentro de mi cuerpo
desconectada de cualquier aparato.
nadie lo veía raro
a través del cristal del alcohol en mis ojos enmohecidos,
deformados
reflectantes en el acuario de mis pupilas negras,
vieja melodía que resonaba en esa especie de caja de zapatos usados
llamada ciudad, que ahora se hinchaba como un bizcocho en el horno
y yo no era más que una miga en el montón
calentándome en una prisión de gas butano
coloréandome camaleón del naranja butano de un viejo proverbio budista
y la punta ardiente de un cigarro lejano al borde de mis ojos enmohecidos
me recreaba en una ceguera permanente
como en una piscina de cloro y ácido sulfúrico,
mantener los ojos cerrados
era lo mismo que abrirlos y sentir que ardían
y el humo de la punta de aquel cigarro
se tornaba en una especie de extraña niebla en mitad del océano
una incongruencia física para el frío y la soledad extendida en una barriga llena de sal
y mi lengua se dilataba seca como una toalla áspera que quisiera absorber el primer chorro de sangre
y mi lengua se dilataba seca como un sol de piedra que conservara trágicamente los restos
de otro calor imposible de alcanzar
mi lengua seca y progresivamente fría como si olvidara el calor de una boca dónde mantener
cálidas la saliva y las lágrimas saboreadas por encima de los labios
mi lengua seca se dilataba como un huracán de voluntades solidificadas y se arrastraba
en mitad de los mares como si aquella sal tuviera alguna relación
con la sal de mis ojos y la sal de mi semen
como si la lengua estuviera masturbando en un único movimiento
mis ojos enmohecidos
y mis ojos se corrían en lágrima espumosa
soltando algún deseo encasquillado en forma de alga caliente
con los tentáculos curioseando el inicio de la arena
juguetona alga que quisiera atravesar la playa y la vía del tren
y las montañas y la tierra misma
juguetona alga de aspas infinitas girando alrededor del mundo
abrazando a base de cosquillas la corteza de mi corazón lleno de agujetas
alga cuyos rayos negros penetran en los tejidos de diamante en bruto
máscara grasienta del engranaje de toda esa maquinaria de fósiles vivos
alimentada estúpidamente de gasolina
cuando la gasolina sólo debería servir para quemar al vacío
algún pedazo inútil del cerebro que llevase años rellenando una grieta demasiado perfecta
que machacaba continuamente
los amortiguadores aniñados que nos lanzan siempre a subir hasta la última roca
del firmamento.

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