desencadenantes [presa volada]

los dientes del tigre blanco
se mueven dulcemente como un beso tramposo
y abrazan lo que fui
y lo que me acompaña.

su mordisco es frío
me congela
me quedo quieto bajo el aliento del tigre.
su humedad me recuerda a la boca de un túnel deshabitado 
que una vez habité.

me reflejo en las gotas rotas de la lluvia rompible
y en el reflejo sólo veo el rostro de una gacela aterrorizada
y sólo veo los ojos de un animal
negro y transparente como una noche repetida y repetida.

la lengua del tigre blanco saborea mi sangre
pero no necesita tragarla,
prefiere dejarla caer y que se pierda
en la orilla de la acera inundada de laberintos de agua.

creo que no tengo ninguna duda de que soy esa gacela
hasta que oigo mi nombre
desde algún lugar de la multitud:
alguien me conoce

alguien me arranca del tigre
y la lluvia ya no deja ver nada más que su ruido
intenso explotando 
infinitamente en mis oídos
y mis ojos fuertemente cerrados se ahogan.

alguien me arranca
me abre la boca y me ofrece un sueño blanco
alguien me da una bofetada
y mis ojos se caen del golpe
y mis oídos vuelan del golpe.
alguien, alguien, alguien
coge mi cerebro y lo tritura,
alguien coge mi corazón y lo lanza a la multitud,
eco de una verdad domesticada. Fuente de verdades 

desencadenantes.

todo era mentira
excepto lo imposible.

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