a cada paso yo abría una puerta a patadas, a pasos.
una cerradura no tenía agujero
y una cabeza de agua extraterrestre apareció suspendida.
mi mano se quedó en el aire, totalmente indecisa.
luego me di cuenta
de que yo no era el que daba los pasos,
yo soy el agua extraterrestre
buscando otro ser vivo dónde hacer la vida.
y mientras, no tengo por qué hablar,
si no pertenezco a ningún código o creencia,
bien... mal...
ningún verdadero o falso,
uve barra efe.

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