Estamos escondidos uno a cada lado del árbol
y la luna lanza un trueno antes de romperse.
Las raíces del árbol absorben aquella lluvia
para envejecer con la corteza de nuestro amor.
El búho de nuestro deseo se cobija entre las ramas
y canta soñando que tendrá más hambre
y que se saciará y que tendrá más hambre.
Los pedacitos de la lluvia están bajo nuestros pies.
Ya no existe luna en el cielo.
Ya no existen rayos.
El calor pisa el amanecer,
y evapora la luna rota que vuelve a parecer
una.

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