una mañana tras otra [cualquier otro habría hecho lo mismo]


No logro engañarme.
La ducha y la ropa hoy no me ayudan.
Siento la ropa rasposa sobre mi piel
como si aún añorara el pijama;
mi pelo sigue mojado y mojado
y jamás se seca;
mis ojos arden todavía en la noche.

Escucho la distorsión de viejas canciones
pero hay otro dani en la habitación
que se ha quedado entre las sábanas como un cadáver,
y aparece otro más desnudo en la silla
y otro más se ha plantado en el sofá
leyendo un mito yoruba.

Un perro miedoso ladra sobre mi corazón
y desaparezco yo y todos,
pero queda uno que no había visto,
asomado en la ventana,
observa mudo
a la gente,
a lo lejos fundiéndose como la mantequilla en el desierto.

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