la máquina no coge la moneda y las botellas de agua fría no van a llegar a mis manos.
yo debo de ser como una moneda con el peso incorrecto insertada en el viento entrando y saliendo, sin quedarme, sin sacar nada a cambio.
no es que vaya a desaparecer yo, a no ser que la soledad sea una ranura abierta con un precipicio de más de ocho kilómetros.

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