Iban a ser las cinco de la madrugada, cerquita de la luz
de las seis,
querías hacer nonones y te habías puesto tu jersey y
tu pantalón favoritos,
y saliste un momento al lavabo comunitario con tu pijama favorito
(pantalón y jersey).
Nos empaquetamos así, con dos de nuestros cinco pijamas compartidos
-no íbamos a vestir otra cosa-
y tú te ibas a quedar pegada en mi brazo, haciendo goyo-goyo-goyo
hasta dormirte.
Nos empaquetamos en servicio urgente, barato y extraviado,
sin la hora aproximada de las seis de la mañana
sin la luz que iba a acontecer en otro mundo.

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