contra aquel viento las varillas del paraguas tuvieron que ceder
y yo no pude evitar cerrar el paraguas
conmigo dentro
la punta de mis llaves abrió dos agujeros en el paraguas
para ver en la calle algunas expresiones faciales de distinta naturaleza:
mis favoritas estaban sumidas en su propia agua.
cuando me acostumbré a ser mirado en profundidad
preferí girar un poco el paraguas
y sin ojos, andar.
dos manos sobre mis brazos me detuvieron
y luego esas manos me sacaron el paraguas con normalidad.
mi cabeza volvió a sentir la lluvia al descubierto
pero ya no podía ver nada
excepto al hombre ágil que contuvo su ira hacia mí, y se fue.
confuso, no tardé mucho en separarme de mi paraguas en la mano:
fue en un tropiezo, cuando traté de seguir al hombre ágil.
el paraguas cayó y no lo encontré.
mi mano sin el paraguas ahora podía apoyarse en la pared de la calle
a tientas en mi nueva oscuridad.

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