la noche de los soles invisibles [presa volada]

el último puente enganchó un finde y un par de  
días más 
y usé el puente para viajar 
de viernes a miércoles 
de una prisión a otra 
en el autocar de los presos peligrosos 
que van de permiso como si fueran bichos libres.  
 
logré sacar mi tienda de campaña en mitad del puente 
y estuve mirando el lugar dónde el sol había estado 
y después ahora por fin 
el sol no estaba, 
era el mismo lugar dónde el sol a secas agrietó mis retinas 
y ahora había dejado que las nubes brillaran por si mismas 
con el agua desparramada por el cielo en trazos 
fantasmagóricos de grises, blancos y negros y grados intermedios innumerables.
 
la inundación espesa de las nubes se expandió más y más hasta mi tienda 
como si la mano del fantasma, inquieta y curiosa, arrastrara la pintura sobre un lienzo 
y sobre mi piel desnuda la mano hizo un remolino diminuto y calmo 
compuesto de harina prehistórica y una pizca de levadura. 
se hornea al calor de unos cuantos latidos tejidos 
y ya tienes un órgano más en el cuerpo lleno de voluntad
-se puede servir con una gota de miedo-
("Recetas de deseos al horno", página 70).
 
y vino el viento con sus mordiscos frescos 
y vino el viento 
con ténues sollozos de hambre, 
así que alimenté su boca con lo que tenía a mano… y hundía esa mano 
en los bolsillos secretos de mi cuerpo… aún estába caliente, recién horneado, 
ahí estaba aquel órgano mío, pequeño envoltorio y deseo para el viento,  
 
…lo cierto es que a pesar de las bajas condiciones de esterilidad 
la operación de trasplante no me hizo mucho daño.  
 
hay muchas historias que susurran que el viento tiene unos cuantos deseos de esos, 
míos y tuyos,
viajeros invisibles en un puente, 
soles invisibles en la noche, 
 
mucho 
…que se ven. 

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