he vuelto a pasar mis manos
por las grietas de la pared,
y esta vez he sentido
las arrugas de un elefante blanco
he vuelto a pasar mis manos
por las grietas de tu voz
y esta vez he sentido
las arrugas del perdón
he dejado de andar
y al acercar mi cara a las arrugas
me pareció que sentía el calor enorme
de un elefante blanco y nada más.

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