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mis piernas no caminan
están dobladas sobre una rama, dónde me columpio boca abajo,
mis sienes no caminan rectas
y no puedo impedir que la sangre caiga
sobre mis sienes
la sangre en el cerebro
es un instante de satisfacción
dónde algún que otro recuerdo llega a diluirse
en la espesura de mis sienes /
me fui a dormir
sabiendo que ninguno de mis sueños
cambiaría nada de él al despertar,
pero da igual,
siempre me quedan las sienes
para hundir mi sangre en ellas
y reinventarme algún sueño
dónde pueda olvidarme de él.
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él es quien sufre, no yo,
yo solo soy un testigo casual de su remordimiento /
no me atrevo a llorar por él
ni él tampoco, por él,
pero él se sigue derramando
con sus labios delgados, restos de canciones murmuradas,
con sus ojos secos, en mate,
se derrama en sudor /
no se mueve y suda, no llora y suda,
deberíamos decir que son motas del sudor
pero digamos que son lágrimas de la piel:
que son cadenas pesadas, resbalando,
que son serpientes enredadas, resbalando,
pegajosas, sucias, continuas.
sobre la piel y el remordimiento, continuas.

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